LA FRASE DEL DÍA
There are moments in life when we know, almost inexplicably, which path we want to take. Yet, we don't always dare to walk it. Doubt, fear of making mistakes, or simply worrying about what others might think hold us back.
Listening to our own voice doesn't mean ignoring advice or believing we are always right. It also takes humility to listen to those who care about us, to recognize the signs that we might be wrong, and to change course when necessary. Because trusting ourselves is one thing; stubbornly following a path we know won't lead anywhere good is quite another.
We don’t always need all the answers before taking a step. Sometimes, it's enough to know where we want to go and to trust that as we move forward, we'll find our way.
Perhaps bravery also consists in that: daring to follow our own path without ever losing the ability to stop, reflect, and correct course.
Hay momentos en la vida en los que sabemos, casi sin poder explicarlo, cuál es el camino que queremos seguir. Sin embargo, no siempre nos atrevemos a recorrerlo. Nos frenan las dudas, el miedo a equivocarnos o, sencillamente, lo que los demás puedan pensar.
Escuchar nuestra propia voz no significa ignorar los consejos ni creer que siempre tenemos razón. También hace falta humildad para escuchar a quienes nos quieren bien, reconocer las señales de que podemos estar equivocados y cambiar de rumbo cuando sea necesario. Porque una cosa es confiar en uno mismo y otra muy distinta empeñarse en seguir un camino que sabemos que no nos lleva a buen puerto.
Y es que no siempre necesitamos tener todas las respuestas antes de dar un paso. A veces basta con saber hacia dónde queremos ir y confiar en que, mientras avanzamos, iremos encontrando la manera.
Quizá la valentía consista también en eso: en atrevernos a seguir nuestro propio camino, sin perder nunca la capacidad de detenernos, reflexionar y rectificar.
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“Meditáldia” surgió hace más de 20 años con el propósito de encontrar un ratito cada día para pensar, mirarse hacia adentro, aterrizar en el suelo para abandonar los problemas cotidianos y centrar la atención en lo verdaderamente importante. La excusa era una cita que empezamos a compartir con los amigos por email y comenzar el día en positivo.
Hoy los amigos y los canales han crecido, pero el propósito se mantiene. Lo que tenga que ser, será... la única intención es arrancar una sonrisa, un suspiro, un “es verdad”, un “hoy puedo” o un “tengo razones para dejar de sufrir”.
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