Aquel que quiere hacer el bien llama a la puerta; aquel que ama, la encuentra abierta
Todos conocemos a alguien que aparece cuando las cosas se tuercen. Sin avisar, sin esperar las gracias. Simplemente está.
Y conocemos también a quienes, con toda la buena intención del mundo, preguntan "¿en qué te puedo ayudar?" pero esperan que les digas exactamente qué hacer, cuándo y cómo.
Tagore no juzga a ninguno de los dos. Pero sí señala la diferencia: uno actúa desde la voluntad, el otro desde el vínculo. Uno llama porque no sabe si puede entrar; el otro ya sabe que sí, porque se ha ganado ese lugar poco a poco.
El amor —el de verdad, el cotidiano— no hace grandes gestos. Abre puertas sin que nadie las llame, porque ha estado atento antes de que hiciera falta.

Rabindranath Tagore, (Calcuta, 7 de mayo de 1861-ibíd., 7 de agosto de 1941), fue un poeta bengalí y filósofo del movimiento Brahmo Samaj (posteriormente convertido al hinduismo), dramaturgo, músico, novelista y autor de canciones que fue premiado con el Premio Nobel de Literatura en 1913, convirtiéndose así en el primer laureado no europeo en obtener este reconocimiento. Tagore revolucionó la literatura bengalí con obras tales como El hogar y el mundo y Gitanjali. Extendió el amplio arte bengalí con multitud de poemas, historias cortas, cartas, ensayos y pinturas. Fue también un sabio y reformador cultural que modernizó el arte bengalí desafiando las severas críticas que hasta entonces lo vinculaban a unas formas clasicistas. Dos de sus canciones son ahora los himnos nacionales de Bangladés y la India: el Amar Shonar Bangla y el Jana-Gana-Mana.























Canfield: “No te preocupes por los fracasos, preocúpate por las posibilidades que pierdes cuando ni siquiera lo intentas”.
La matemática brutal del dibujo:
Arquero de arriba: 0 dianas, 6 intentos, 6 aprendizajes. Mañana ajusta el pulso.
Arquero de abajo: 0 dianas, 0 intentos, 0 aprendizajes. Mañana está igual.
El de arriba fracasa. El de abajo ni siquiera participa.
Felicidad es querer seguir tirando aunque no des. El de arriba ya ganó algo: está en el juego. El de abajo ni juega, así que ni puede ser feliz con lo que consigue.
La trampa del arquero de abajo:
Cree que no fracasar es ganar. Pero la diana vacía es el peor fracaso: el de las posibilidades muertas. Esas no hacen ruido al caer. No duelen hoy. Duelen a los 80, cuando miras el carcaj lleno y la diana limpia.
Tú decides qué carcaj quieres tener mañana: vacío por usado, o lleno por no intentarlo.