El saber es algo; el genio es más; pero hacer bien es más que ambos, y la única superioridad que no crea envidiosos
Bonita reflexión que Cecilia Böhl de Faber (que usaba un pseudonimo masculino: Fernán Caballero), incluye en su obra Clemencia. Usó un nombre masculino para poder publicar libremente en una época donde las escritoras no eran tomadas en serio.
Es una invitación al altruismo y al servicio, destacando que el valor de nuestras acciones buenas (HACER BIEN) trasciende por encima del mero intelecto o el talento natural. Además, resalta una verdad muy humana: la generosidad y el apoyo desinteresado rara vez despiertan el resentimiento de los demás. Recuerda a la frase de Bethoven “El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad”. Pues lo dicho, desde meditaldia te invitamos a ser superior sin que se te note, haz bien.

Fernán Caballero era el pseudónimo utilizado por la escritora y folclorista española Cecilia Böhl de Faber y Ruiz de Larrea (Morges, Cantón de Vaud, Suiza, 24 de diciembre de 1796-Sevilla, España, 7 de abril de 1877). Cultivó un pintoresquismo de carácter costumbrista y su obra se distingue por la defensa de las virtudes tradicionales, la monarquía y el catolicismo. Su pensamiento se inscribe dentro del regeneracionismo católico de la época, influido por las ideas de su padre, el hispanófilo Juan Nicolás Böhl de Faber, introductor en España del romanticismo historicista alemán de Herder y los hermanos August y Friedrich Schlegel.


























Canfield: “No te preocupes por los fracasos, preocúpate por las posibilidades que pierdes cuando ni siquiera lo intentas”.
La matemática brutal del dibujo:
Arquero de arriba: 0 dianas, 6 intentos, 6 aprendizajes. Mañana ajusta el pulso.
Arquero de abajo: 0 dianas, 0 intentos, 0 aprendizajes. Mañana está igual.
El de arriba fracasa. El de abajo ni siquiera participa.
Felicidad es querer seguir tirando aunque no des. El de arriba ya ganó algo: está en el juego. El de abajo ni juega, así que ni puede ser feliz con lo que consigue.
La trampa del arquero de abajo:
Cree que no fracasar es ganar. Pero la diana vacía es el peor fracaso: el de las posibilidades muertas. Esas no hacen ruido al caer. No duelen hoy. Duelen a los 80, cuando miras el carcaj lleno y la diana limpia.
Tú decides qué carcaj quieres tener mañana: vacío por usado, o lleno por no intentarlo.